2015-05-23

Cómo superar 10 factores (venenos) de desmotivación organizacional.

Catálogo de venenos para la colaboración. 
Por Nacho Muñoz. 
conGestión de Personas. 


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Cómo superar 10 factores (venenos) de desmotivación organizacional

La participación, la motivación, la pasión… Es el caballo de batalla de quienes (co)pilotan proyectos colaborativos, organizaciones autogestionadas, proyectos de voluntariado, plataformas ciudadanas, comunidades de práctica o incluso emprendedores que están montando su startup en el garaje.



Que la gente participe, colabore, se implique y esté motivada en los proyectos en los que no te pagan es un desafío de pronóstico incierto. Y en la empresa tradicional no es que no sea un asunto menor. Allí hay gerentes que recurren a cursos de formación (como si “formación” fuera igual a “motivación”), al “¡que vengan motivados desde casa!” o, los más modernos, a la difusión compulsiva de frases de autoayuda por las oficinas. Ay, las frases de autoayuda…
Con esta guía incompleta de venenos quiero hacer una aproximación a las variables que merman la pasión, que son un lastre para la motivación intrínseca y la implicación en los proyectos colaborativos. Quienes me conocen ya saben que siempre ando metido en algún tinglado colaborativo, como voluntario y entusiasta.
A partir de esas experiencias me he encontrado con muchos de estos ingredientes que no se tienen en cuenta, que pasan desapercibidos o que no se le presta importancia porque no se gestionan, pero que tienen un efecto pernicioso en los resultados y la productividad de los individuos y los colectivos.

1- Me aburrooooo.

Tareas repetitivas, rutinarias, monótonas que conducen al hastío

Ocurre con cualquier cosa de la vida. En el trabajo, en el sexo y en lo que le ponemos al pan del desayuno: nos cansamos de hacer lo mismo una y otra vez. Procurar la diversidad de tareas, de retos, de opciones, de interlocutores y/o de lo que sea es muy sano. Tanto que puede hacer que la implicación de la gente no decaiga.
La novedad es condición necesaria para darnos alegrías, pero no suficiente para perpetuarlas. Como en todo, ya digo… La paradoja de la tarea novedosa es que pronto se volverá cotidiana, por lo que parece que habrá que activar una especie máquina (o procedimiento) antirutinas para no caer en la tentación de la comodidad, del “mejor hacer lo que ya sabemos”.

2- ¿Me pasas el manual de instrucciones?

Frustración del que no sabe. Ración doble para los veteranos, por ese buenismo sin resultados.

Todas son buenas intenciones cuando hablamos de voluntarios construyendo un proyecto colectivo. Aunque ya se sabe que la cualificación es un requisito para obtener resultados, no se asignan personas a tareas por este criterio, sino más bien por otros, como el (criterio estrella) de la disponibilidad: el primero que diga que quiere hacerlo lo hace, sin más.
Aunque se trate de funciones delicadas o críticas para la productividad del colectivo. Después, ante la falta de resultados por incapacidad, los voluntarios dicen que ya no pueden seguir, cuando no les cae una reprimenda poco asertiva y desmoralizante.

3- No tengo tiempo

Indisponibilidad del tiempo como excusa para no colaborar

No digo que no sea cierto. La gente está a sus cosas y los proyectos colaborativos, voluntarios, son un esfuerzo extra. Pero la gente tiende a sacar tiempo y se comprometen con más facilidad cuando hay que sacar adelante unas tareas concretas, bien definidas en el tiempo, con unos objetivos alcanzables a corto plazo y, a ser posible, con resultados tangibles.
Mucha más predisposición que con funciones que sabes que pueden alargarse en el tiempo y que no se sabe bien cuándo se llegará a la meta porque no está bien definida. Con colaboraciones de ciclo largo es muy fácil que aparezca el no tengo tiempo.

4- Esto es un caos

Desorganización por doquier

A no ser que seas el promotor o propietario del proyecto que requiere de colaboración, nuestra tendencia es a desalentarnos y aburrirnos cuando no hay una buena organización del proyecto.
La gente quiere participar y colaborar, pero no sentir que se construye la casa por la ventana. La confianza en el proyecto se viene abajo y los esfuerzos por arreglar el entuerto decrecen sibilinamente.

5- Yo no trabajo gratis

Ausencia de valores y/o retornos emocionales

Colaborar en un proyecto que no remunera en dinero obliga a que el trabajo a realizar esté diseñado de tal manera que los voluntarios que participan en él sientan que invierten su esfuerzo en algo que merece verdaderamente la pena. Es la economía de la pasión.
¿Hay valores y retornos emocionales? ¿cómo de probables serán los retornos económicos futuros, si es que los hay? Si la balanza de inputs y outputs percibida resulta desequilibrada, las ganas de seguir trabajando gratis disminuyen en escenarios desordenados.

6- Yo sólo hago lo que sé hacer

Baja actitud hacia tareas novedosas

Si uno de los venenos era la baja formación, otro ingrediente para que las colaboraciones horizontales no sean provechosas es la poca actitud hacia el aprendizaje y la asunción de tareas diferentes a las que sabemos hacer, para las que los miembros no se sienten preparados. Cuando se trata de un proyecto colaborativo, lo normal es que falten manos. Y muchas tareas hay que sacarlas adelante, incluso aquellas que no son críticas para el buen funcionamiento del colectivo.
Asumir que hay que hacer lo que jamás hemos hecho es un requisito para entrar a colaborar en entornos horizontales (sobre todo innovadores), pero cuando esta actitud decae generalizadamente, la percepción del bajo compromiso va minando la motivación y el compromiso real.

7- A mi no me trates así

Rol deseado versus rol necesario

Relacionado con el anterior, hay personas que acuden a plataformas horizontales con excesivas pretensiones. Y repito, faltan manos. Hay que barrer, fregar y traer y llevar mueble. O la tarea más insignificante que imagines. Que uno sea alto cargo o gurú en su terreno profesional no quita que para colaborar genuinamente tenga que tener presente que hay (muchas) veces que le tocará remangarse y pringar como el que más.
Las actitudes elitistas dentro de organizaciones horizontales no son bien vistas y, lo que es peor, puede hacer que más de uno se le detengan las ganas de seguir participando con gente así a su alrededor.

8- Me faltan medios

Indisponibilidad técnica para la ejecución de tareas.

Suele pasar que los proyectos colaborativos y horizontales cuenten con pocos recursos económicos. Una de las consecuencias es que para llevar a cabo ciertas tareas tenemos que contentarnos con los medios que tenemos a nuestro alcance. Y quizá sean insuficientes.
Aquellos miembros que saben hacer y quieren hacer les frustra mucho no poder hacer… por falta de medios. Tanto que si no hay alternativas accesibles para ese poder-hacer, malo. Se va perdiendo la motivación y la pasión por hacer las cosas como se preveían, ya que los resultados son más inciertos.

9- Esto no es como lo pintaban

Expectativas previas mal gestionadas

La ilusión se ubica en la percepción de lo que va a ocurrir en el futuro. Sin embargo, la imaginación sobre cómo pueden ser las cosas dista mucho de lo que nos encontramos de frente en la prosaica realidad.
Cómo cada uno gestione sus expectativas y cómo el proyecto sea capaz de comunicar esas expectativas va a ser un factor determinante para que esos gaps (lo que creía que eran las cosas vs como son las cosas) no causen estragos.

10- Si aparece un jefe, me voy

Liderazgos encubiertos, exhibicionistas, trolls, impuestos, incompetentes, estúpidos…

Muchas de las satisfacciones del voluntario que trabaja en proyectos horizontales y colaborativos vienen, precisamente, de no tener que rendir cuentas a un jefe. Por desgracia, hay muchos que ven en este tipo de proyectos una oportunidades para sacar la cabeza y llegar a ser el jefe que nunca han sido.
Las ansias de poder están presente en todas partes y en organizaciones abiertas hay que gastar cuidado con aquellos que encuentran ahí su oportunidad de destacar. Porque son astutos. Porque se instalan. Vaya si se instalan. Los más peligrosos son los que manejan habilidades relacionales, consiguiendo adeptos que refuerzan su estatus.
Cuando un incompetente (un troll, un exhibicionista, un incompetente, un estúpido…) logra una posición de liderazgo inmerecido en una plataforma de colaboración, en la que el liderazgo precisamente es my discutido, la lista de bajas comenzará a crecer sin que sepamos realmente qué está pasando.
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Si trabajas en proyectos colaborativos, como voluntario, en plataformas ciudadanas o en grupos autogestionados, ¿notas que se estén inyectando alguno de estos venenos? Espero que no

Ah! y la culpa de este catálogo incompleto de venenos para la colaboración es de mi amigo Luis, que espero que no me rete a escribir sobre todo lo que se le vaya ocurriendo (o sí!)… y que no vuelque más camiones

Posted by Nacho Muñoz on 3 feb, 2015

Autor

Nacho Muñoz
consultor artesano ||| innovador social
on 3 feb, 2015

Licencia:

No especificada.

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Fuente: conGestión de Personas 
Imagen: Collaboration loss
(Recuperado desde Bligoo.com)