2017-11-05

Cómo comportarse frente a estos 8 tipos de jefes idiotas.

Cómo sobrevivir a un jefe idiota y prosperar.  

Por Claudia Peiró.  

Infobae. 

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Cómo comportarse frente a estos 8 tipos de jefes idiotas

“La estupidez es una enfermedad muy extendida”, es la constatación –nada novedosa por cierto- que inspira este libro. “Sólo dos cosas son infinitas, decía Albert Einstein: el universo y la estupidez humana... y no estoy seguro de lo primero”.


Con frecuencia se subvierte el orden natural de las cosas y vemos en puestos de responsabilidad a personas que no están formadas. Aquí, un manual de supervivencia.

John Hoover fue ejecutivo de Disneyland Entertainment y de McGraw-Hill, además de consultor de empresas tanto o más emblemáticas: Delta Air Lines, Hilton, IBM, Xerox

Su larga experiencia corporativa la ha volcado en las clases de planificación, comunicación y principios de gestión que dicta en diferentes universidades de Tennessee, además de varios libros de títulos tan significativos como el que se acaba de reeditar: Cómo trabajar para un jefe idiota, y cuyo subtítulo es: Cómo sobrevivir y prosperar en el trabajo sin asesinar a tu jefe.

Si alguien se imagina que se trata de otro aburrido manual de coaching empresarial, se desengañará enseguida. Hoover aconseja no leer este libro en la oficina, justamente, porque las carcajadas atraerán la atención de nuestro jefe. Sea éste idiota o no, puede traernos un problema. Tiene razón el autor en hacer esta advertencia porque su trabajo es desopilante.

Quizá por esa costumbre que tenemos de reírnos de las desgracias, propias y ajenas, este libro es uno de los mayores divertimentos en que podemos incursionar, especialmente si tenemos larga experiencia laboral. Ya que todo lo que el autor describe con maestría –y sistematiza como biotipos de oficina- lo habremos vivido -o padecido- más o menos directamente.

Mal de muchos…


Convencido en efecto de que la vivencia de trabajar para un jefe idiota es universal, Hoover anuncia: “Voy a compartir contigo mis experiencias profesionales para que sepas que no estás solo”. Y de eso se trata justamente. Si no nos permitirá superar la situación en que nos encontramos, al menos nos habremos reído un rato de nosotros mismos y reconfortado pensando que “mal de muchos es consuelo de tontos”.

“Los jefes idiotas (en adelante, jefes-i) son los escollos mutantes de la evolución organizativa y tienen una inmunidad semejante a la de la cucaracha a las calamidades que azotan a la gente creativa y con verdadero talento”, sentencia Hoover que, de todos modos, está convencido de que el obstáculo puede superarse y para eso escribió este manual. Pero, de no ser así, “como mínimo te ayudará a no perder los estribos”, avisa.

Pese a su larga experiencia, Hoover no tiene todas las respuestas a preguntas tales como: “¿Por qué la estupidez tiene tanto poder?” o ¿”por qué Dios permite que los idiotas se conviertan en jefes?”.

Para esto sólo tiene un consuelo del tipo hay gente que la pasa peor: “En un mundo –escribe- donde los jugadores de básquet ganan más dinero que los científicos que trabajan en la curación del cáncer y en el que la gente le da importancia a lo que los actores de Hollywood y los músicos multimillonarios piensan sobre la política global, el hecho de que los idiotas acaben convertidos en jefes me parece la burla menos cruel de todas”.

Claro que si hacemos la lógica analogía con la política, un campo de excelencia para que los idiotas se hagan con el poder, la cosa ya no es tan divertida. Cualquiera que haga el repaso de los personajes que, en tierra propia o ajena, vimos y vemos desfilar por altos cargos –incluso, como en la genial analogía Desde el jardín, de Jerzy Kosinksi, en la cúspide del Estado-, sabrá a qué me refiero. Más que para reír es para llorar…

El hijo o la hija de


Una subcategoría particular de jefe-i es aquella en la cual ésta calidad coincide con la de hijo de: “Si el hijo del dueño trabaja en la empresa, serías corto de luces si no comprendieras que el hijo en cuestión es material sujeto a leyes especiales, advierte Hoover. No es necesario estudiar mucha historia para aprender que la sangre es más espesa que el agua y que el dinero familiar es más espeso que la sangre.

He visto cabezas de familia pasar por alto a empleados de talento, capaces, fieles, entregados y de toda la vida, para entregar las riendas del negocio a un hijo o una hija cuyas facultades mentales se habían visto significativamente disminuidas como consecuencia de generaciones de relaciones endogámicas”. Y agrega: “Como con tantas cosas contra las que me he rebelado en mi vida, el nepotismo está ahora en mi lista de cosas para ‘superar y seguir adelante con tu propia vida’”.

Hoover empieza por definir otras 7 sub-categorías de jefes, además del jefe idiota. Para cada una de ellas tiene varios consejos. Estas son: jefes buenos, jefes dioses, jefes maquiavélicos, jefes masoquistas, jefes sádicos, jefes paranoicos y jefes colegas.

Categorías de Jefes


1. El buen jefe.

Es el que sabe que compartir información de manera concienzuda y puntual hace que la gente se sienta partícipe, respetada y reconocida por su contribución. Convierte la comunicación abierta y sincera en una prioridad. Y es receptivo al feedback.

2. Jefe dios.

Dirigirse a él tal y como quiere que se dirijan a él. Seguir sus reglas. Perder las batallas para ganar la guerra, ofrecerle sacrificios (regalos), pedir perdón por anticipado (¿Te parece bien que…?), reconocer su presencia, jamás ignorarlo.

3. Jefe maquiavélico.

Usar con frecuencia la expresión “ya me encargaré de ello por ti”, siendo “por ti” lo más importante. Ponerlo al corriente de todo, aceptar todas sus invitaciones.

4. Jefe masoquista:

Nunca elogiarlo ni darle buenas noticias. Necesita castigo. Destacar siempre lo negativo -obstáculos y desventajas- de cualquier tema. Lo mejor es huir de él (salvo que sea sea sádico) porque nunca estará contento. Si uno hace algo bien, dirá: “Me alegro por ti, ahora seguro te ascenderán y me harás a un lado”.

5. Jefe sádico:

Es más difícil huir, porque no deja ir a su presa para poder seguir torturándola. Hay que fingir que la carga del trabajo es superior a lo que realmente es. Quejarse por demás. Mostrarse ocupado, concentrado y nunca, nunca, expresar la menor alegría.

6. Jefe paranoico:

Toma todo lo que uno hace como una conspiración en su contra. Para escapar, lo mejor es hacerle creer que se está conspirando. Es muy fácil, basta con cruzar una mirada cómplice o una tosecita con otro colega en una reunión o callar apenas él entra en nuestra oficina.

7. Jefe colega:

No tiene amigos, necesita hacerlos en la oficina. Para estar bien con él, convocar a una reunión de grupo al menos una vez por semana: el jefe colega disfruta viéndose rodeado de sus polluelos. Los trabajadores entregados son los que peor la pasan porque deben trabajar horas extra para hacer lo que tendrían que haber hecho en vez de estar hablando de actualidad, del tiempo y de deportes con sus jefes colegas.


Y concluye esta categorización con una sensata reflexión que seguramente todos hicimos alguna vez: “Ser un buen jefe es tan fácil que nos lleva a preguntarnos por qué hay quien invierte tanto esfuerzo y energía en ser un jefe malo”.

La simulación es la clave


“A diferencia de los jefes dioses, maquiavélicos, masoquistas, sádicos, paranoicos y colegas, el jefe-i es simplemente un mutante del viaje evolutivo de las especies que no se entera de nada”, explica.

Con un poco de poder los idiotas pueden volver loco a cualquiera. Con mucho poder pueden llegar a aterrorizar el planeta. No porque sean malos, sino porque tienen ideas raras en la cabeza. Y eso es peligroso en una cabeza que no está diseñada para pensar”, advierte.

¿Cómo llega el jefe-i a hacerse con el poder? Su explicación es del orden de lo azaroso: “En algún momento los jefes-i tomaron el control mientras el resto del personal andaba distraído”.

Una clave para lidiar con este tipo de personajes, Hoover la ve en el comportamiento animal: “En su mayoría los perros son idiotas, un hecho que ayudará a los amantes de los perros a comprender lo inocentes e inocuos que pueden llegar a ser los jefes-i. Los perros piensan que todo lo que hacen es lo más importante del mundo en ese momento. (…) Los perros están constantemente de un buen humor insufrible”.

De esto deriva un primer consejo: “Si sabes cómo mostrarte amable y alentar a un animal tonto, estarás en posesión de la mayoría de las habilidades necesarias para gestionar a un jefe idiota”.

Y describe una situación típica en la cual podemos empezar a aplicar esta máxima: “Un jefe-i se pone en muchas situaciones embarazosas. (…) Él seguramente no tiene ni idea de que todo lo que hace es susceptible de provocar una situación embarazosa (…). En esos momentos de desesperación, en los que todo el mundo se ríe del jefe-i, ponle una mano en el hombro y dile: ‘no te preocupes, jefe, yo también he hecho un montón de estupideces en mi vida’”.
“¿Hace algún daño fingir un poco?”, se pregunta.

Esto se vincula a una máxima fundamental del manual de Hoover: “Nunca nadie mejoró su carrera haciendo que su jefe se vea como un idiota”. La simulación es por lo tanto crucial para la supervivencia.

Hay que tener un plan


Viene luego otra advertencia de oro: “Actúa con inteligencia. No esperes que tu jefe-i elabore cualquier tipo de plan ridículo para mantenerse ocupado también a ti. Estudia los objetivos de tu departamento y de tu empresa y sugiere planes para alcanzarlos. Cuando tu jefe-i se ponga la medalla por ello, déjalo pasar”.

“Es una lástima –ironiza- que el Departamento de Contabilidad no haya encontrado aún la manera de cuantificar el ahorro de costos que implica la ausencia por enfermedad de un jefe-i. Podría muy bien darse el caso de que el departamento de un jefe-i hospitalizado sea notablemente más eficiente en su ausencia”.

Su consejo entonces es tratar de educar al jefe-i sin que éste lo note. Para ello hay que trazar un plan. No lo reproduciremos aquí: habrá que leer el libro. Algo muy recomendable por cierto. La diversión está garantizada.

 (*) John Hoover: Cómo trabajar para un idiota. Cómo sobrevivir y prosperar en el trabajo sin asesinar a tu jefe. (Aguilar, 2012)

Por Claudia Peiró
14-10-12

Claudia Peiró

Editora en Infobae
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Argentina
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Fuente: Infobae  

Imagen:  Homer Simpson boss


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