2014-04-29

José Miguel Bolívar: Las 3 Caras del Liderazgo. Esencia, estética y perversa.

Las 3 Caras del Liderazgo.
Por José Miguel Bolívar.
Optima Infinito.


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José Miguel Bolívar: Las 3 Caras del Liderazgo. Esencia, estética y perversa

En contra de lo que en ocasiones pueda parecer, soy un convencido de que el liderazgo existe y es necesario en la medida que es útil. Sin embargo, reconozco que mi aversión por determinados discursos sobre el liderazgo va en aumento, sobre todo cuanto más falaces, manipuladores y absurdos me parecen.



Liderar es influir. Y eso ni es bueno ni es malo. Lo que será buena o mala es la intención que hay detrás. Si intento influir en alguien en aras de lo que entiendo es su propio beneficio, o del bien común, mi intención es buena y estaré ejerciendo un liderazgo positivo sobre esa persona.

Si, por el contrario, influyo para obtener un beneficio egoísta en detrimento de los intereses de esa persona, entonces estaré ejerciendo un liderazgo negativo sobre ella. Como ocurre siempre, las cosas son como tú.

El liderazgo mesiánico sigue estando en auge, como no podía ser menos en una época de grandes cambios [a la que algun@s despistad@s siguen llamando crisis]. Gran parte de nuestros problemas políticos, económicos, organizativos e incluso deportivos se deben aparentemente a la falta de liderazgo, así que resulta lógico pensar que aumentar la cantidad y la calidad del liderazgo en todos estos ámbitos mejoraría enormemente la situación. Permíteme dudarlo.

Parte del problema con el liderazgo es que se trata de un concepto que se presta a múltiples interpretaciones y que conlleva diversas realidades. Esto no ayuda a entender qué es, o cuántos son, en realidad, ni para qué sirven ni cómo aprovecharlos mejor. Por este motivo voy a compartir aquí algunas de estas realidades – tres en concreto – que, en mi experiencia, se encuentran habitualmente en el ámbito de las organizaciones:

La esencia del liderazgo


Como apuntaba al comienzo, el liderazgo existe. Si piensas en las personas con las que interaccionas profesionalmente con frecuencia, probablemente te resultará sencillo identificar a algunas que valoras por encima del resto. Si te preguntas a qué se debe esa diferencia, seguramente la respuesta guarde relación con lo que aprendes de ellas, las observaciones que te hacen, los consejos que te dan, la forma en que te ayudan, cómo te hacen sentir como profesional… Dicho de otro modo, la “calidad” de su influencia en ti.

Estas personas que hacen de forma especial determinadas cosas sencillas son líderes. Comparten lo que saben, dan feedback, hacen preguntas potentes, sugieren posiblidades, plantean retos… Son personas que ejercen sobre ti una influencia positiva. La mayoría de ellas no sabe siquiera que es líder y se sorprendería si alguien se lo dijera.

Pero están ahí. Lideran porque son un modelo a seguir y un punto de referencia para otras personas. Son ejemplos de liderazgo meritocrático. Representan la esencia misma del liderazgo.

La estética del liderazgo


Luego está la apariencia formal del liderazgo en las organizaciones. Lo que nos cuenta el organigrama. Si las cosas se hicieran bien y representaran la realidad, un organigrama proporcionaría información útil sobre los líderes de la organización. Sin embargo, la información que contiene un organigrama es sobre la estructura de poder, no sobre la calidad del liderazgo.

Se confunde poder y liderazgo, no sé hasta que punto intencionalmente. Se sobreentiende que el liderazgo “va con el puesto” pero, paradójicamente, se confunde al revés. En lugar de buscar primero al que ya es líder y luego nombrarle jefe, primero le nombran jefe y luego le envían a “escuelas de liderazgo”…

Esta confusión se suma al hecho de que, por lo general, las redes de conocimiento no suelen coincidir con los organigramas. Dicho de otra forma, los responsables de tomar decisiones (“los que mandan”) a menudo no son los mismos que cuentan con la información para tomar la decisión correcta (“los que saben”).

Llegados a este punto, si no representa el liderazgo y tampoco sirve para tomar mejores decisiones, entonces ¿para qué sirve el organigrama?

La perversión del liderazgo


La mayoría de los discursos imperantes sobre liderazgo nos habla de cualidades encomiables, cualidades que casi cualquier persona consideraría positivas y deseables, no solo para un líder sino para cualquier ser humano.

Así, se nos repite hasta el aburrimiento que el auténtico líder debe ser humilde, estar al servicio de su equipo, ser un mentor, saber dar ejemplo ante las situaciones difíciles, ser capaz de defender unos valores, enfrentarse con coraje a la adversidad… Paparruchas!

Te llaman líder para inflar tu ego. En paralelo con el discurso sobre servicio y humildad, una realidad visible y contradictoria se impone. Todo va encaminado a hacerte creer que eres mejor que el resto, que estás por encima de ellos. Tienes un coche mejor, o incluso tienes coche y el resto no lo tiene. Tus beneficios son más y mejores. Tu sueldo es más alto. Disfrutas de más privilegios… ¿Alguien dijo humildad y servicio?

Es muy difícil mantener la humildad y el espíritu de servicio cuando todo tu entorno te invita a mirar a los demás por encima del hombro. Hablo de mi experiencia personal, no de extrañas teorías. Como “jefe”, he contrastado a menudo estas reflexiones con otros “jefes” y “jefas” de distintas culturas y sé que no soy el único al que han llamado la atención estas contradicciones.

¿Cuál es el propósito entonces de esta aparente contradicción? En pocas palabras: obediencia y sumisión. El paradigma del control lo exige. Eso de “debes saber dar ejemplo ante las situaciones difíciles, ser capaz de defender unos valores y enfrentarte con coraje a la adversidad…” es válido siempre y cuando todo lo anterior no venga en forma de una orden de tu jefe. En ese caso lo que tienes que hacer es decir simplemente “sí, bwana”. Toma liderazgo de garrafón!

Porque ahí es donde la perversión del liderazgo se expresa en todo su esplendor. Todo el tinglado está ahí precisamente por si titubeas. No vaya a ser que realmente seas un líder y no estés dispuesto a aceptar una idiotez como orden. A ver si la vamos a liar parda y te vas a cargar el sistema.

Para evitarlo, es en ese momento de duda entre la oveja y el león que todas las personas llevamos dentro, cuando tu entorno organizativo te recuerda (en tu inconsciente) todo lo que puedes perder si te da por ponerte “en plan león”. Adiós al poder, al status, al coche, al sueldo, a los privilegios…

Y en ese momento te preocupa poco perder la capacidad de servicio y de ser humilde, la verdad. Para tu ego, las prioridades son otras. Así que haces de tripas corazón y dices “sí, bwana”. Que nadie diga que no eres líder…

Las cosas suelen ser como son porque alguna vez funcionaron. Pero, ¿de verdad alguien cree que este tipo de “liderazgo” es lo que realmente necesitan hoy las organizaciones para adaptarse a la nueva realidad y ser competitivas?

José Miguel Bolívar
Domingo 27 de abril de 2014

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Fuente: Optima Infinito 
Imagen: Mystery faces   
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