2018-07-19

Personas controladoras y posesivas: 7 actitudes y formas de tratarlas.

Personas controladoras y posesivas: Cuando el “único” camino es la imposición.  

Por Jennifer Delgado. 

Rincón de la Psicología.

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Personas controladoras y posesivas: 7 actitudes y formas de tratarlas

Es fácil detectar a las personas controladoras cuando recurren a la coerción, pero si utilizan técnicas de manipulación más complejas las cosas se complican. A veces el control puede ser muy sutil y se esconde detrás de una broma, una sugerencia, un consejo o incluso una petición de ayuda.


También resulta difícil detectar los rasgos que indican que estamos cayendo en relaciones posesivas. El control, sin embargo, es un arma de doble filo. Le arrebata el oxígeno psicológico a quien es controlado y se convierte en una obsesión insana para quien controla.

¿Cómo es una persona controladora? 


Las personas controladoras son aquellas que necesitan que la gente a su alrededor se comporte de una manera determinada. No respetan la individualidad y las barreras psicológicas que todos establecemos porque piensan que solo existe una manera correcta de hacer las cosas: la suya.

1. Pensamiento dicotómico 


Para las personas controladoras, quienes no piensan o actúan como ellos, simplemente están equivocados. Estas personas suelen tener un pensamiento del todo o nada, las cosas están bien o mal, sin términos medios. Como resultado, suelen juzgar y criticar duramente todo aquello que no se corresponda con su visión del mundo.

2. Rigidez mental 


Debido al pensamiento dicotómico, la gente controladora no acepta que los demás pueden tener opiniones distintas y formas de hacer las cosas diferentes. Estas personas tienen una perspectiva limitada, profundamente egocéntrica, que les impide ver las situaciones desde una perspectiva distinta. Es como si fueran con la vida con anteojeras, con la vista fija en un punto sin tomar nota de la enorme variedad que existe en el mundo.

3. Reglas inflexibles 


Las personas controladoras suelen tener muchas reglas, las cuales le confieren sentido y orden a su mundo, transmitiéndoles una sensación de seguridad. Sin embargo, el problema es que esperan que los demás sigan esas reglas. Insisten para que los otros acaten sus normas y para que sus prioridades se conviertan en las de los demás.

4. Escasa Inteligencia Emocional 


Las personas posesivas no han desarrollado su Inteligencia Emocional. Como resultado, cuando alguien no hace las cosas a su manera, suelen molestarse, enfadarse y/o frustrarse. Y a menudo expresan esas emociones sin tamices, recriminando y culpabilizando al otro.

5. Actitud paternalista 


Muchas de las personas controladoras actúan convencidas de que le están haciendo un bien al otro. Asumen una actitud paternalista, ofreciéndose para tomar la decisión en su lugar o indicándoles qué deben hacer. Si la persona no sigue sus reglas, es común que se lo echen en cara y les hagan sentir mal, una estrategia para reafirmarse como un referente y crear una relación de dependencia, de manera que la próxima vez esa persona le haga caso.

6. Adivinación del pensamiento 


Las personas dominantes suelen “adivinar el pensamiento” de los demás. Creen que pueden conocer la esencia del otro mejor que la propia persona y que saben lo que es mejor. Piensan que pueden tomar las mejores decisiones por el otro, aunque no son capaces de ponerse en su lugar. De hecho, es habitual que cuando una persona intente contarle un problema, la interrumpa para explicarle cuál es su “verdadero” problema y brindarle la “única” solución.

7. Escasa percepción del control que ejerce 


Quizá uno de los detalles más interesantes de la Psicología de la persona controladora es que normalmente no es consciente de cuánto control pretende ejercer sobre los demás. Dado que esta persona no concibe que las cosas se hagan de manera diferente, tampoco concibe el disentimiento y, por ende, no considera que está controlando sino tan solo guiando por el buen camino.

¿Por qué se desarrolla la personalidad controladora? 


Algunos estilos de crianza tienden a fomentar una personalidad controladora. En el centro de estas relaciones posesivas entre padres e hijos se encuentra una profunda falta de sintonía. La personalidad posesiva se desarrolla cuando:

- El amor que se recibió en la infancia fue condicionado a los logros.
De niños, estas personas no eran amadas hasta que cumplían o satisfacían las necesidades de sus padres, una forma de control sutil que siguen poniendo en práctica en sus relaciones al crecer.

- Se valoraban más los resultados que el esfuerzo y las relaciones.
Estas personas crecieron con el mensaje de que lo que lograban y producían era más importante de lo que eran o las relaciones que establecían con los demás. Como resultado, aprendieron a centrarse en la eficiencia, aunque ello implique pasar por encima de los derechos de los demás.

- Se generó un apego inseguro,
de manera que la persona siente una profunda necesidad de atención y cariño pero también tiene un profundo miedo a perderlos, por lo que ejercita el control como una manera para atar ese “amor”.

En sentido general, detrás de la personalidad controladora suele esconderse el miedo a la incertidumbre. Esta persona busca la seguridad a través de las normas y el control que intenta imponer. No acepta de buen grado los cambios y la incertidumbre de la vida, sino que estos le generan ansiedad e intenta mitigarla controlando todo aquello que puede controlar. Así tiene una ilusoria sensación de control que le reporta calma y tranquilidad.

Esa obsesión por el control también puede deberse a una baja autoestima. En esos casos, la persona controladora intenta camuflarla ejerciendo el control sobre los demás. Como no soporta no tener el control sobre su vida, vuelca esa frustración en los otros, volviéndose dominante y controladora.

No obstante, la personalidad controladora también puede ser el resultado de una pérdida importante en el pasado. Suele ocurrir cuando los padres pierden un hijo y se culpan por lo ocurrido, de manera que para que no se repita la tragedia, se vuelven hipercontroladores con el otro hijo. También ocurre cuando se produce una infidelidad en las relaciones de pareja, en cuyo caso suelen aparecer relaciones posesivas, por el miedo a perder a la nueva pareja.

El problema es que las personas controladoras no se dan cuenta de que un amor posesivo termina asfixiando psicológicamente a quienes se encuentran a su alrededor, obteniendo el resultado opuesto al que perseguían: el abandono.

¿Cómo suavizar una personalidad controladora? 


Las personas posesivas y controladoras suelen tener muchos problemas en sus relaciones, tanto en el plano romántico como familiar, profesional y de amistad. Es importante tener en cuenta que una relación posesiva no es una relación sana y equilibrada sino que degenera hacia la dependencia. El auténtico amor es aquel que respeta al otro y le deja libre para que tome sus propias decisiones.

Si tienes una personalidad controladora, es importante que recuerdes hagas de esta frase de Giogio Nardone tu mantra: “El exceso de control conduce a su pérdida”. Aprende a:

- Suavizar tu enfoque.
No realices demandas excesivas y no pretendas decidir en lugar del otro. Usa menos el imperativo y aconseja solo cuando te lo piden. Este enfoque enriquecerá la relación, demostrándole a la otra persona que la respetas.

- Fomentar la cooperación.
Las relaciones son un dar y recibir, una colaboración en la que las dos partes tienen algo que decir y aportar. Cuando intentas imponer tus puntos de vista y formas de hacer las cosas, anulas la riqueza y potencialidades de la persona que está a tu lado.

- Buscar el origen de tu inseguridad.
Para dejar de controlar, es importante comprender de dónde proviene esa necesidad. ¿Quizá estás proyectando tu propia inseguridad sobre los otros? ¿Un trauma del pasado generado por una pérdida? ¿Una crianza demasiado controladora o unos padres negligentes emocionalmente?

¿Cómo lidiar con las personas controladoras? 


Lidiar con una persona controladora no es fácil, sobre todo cuando se trata de relaciones cercanas. No obstante, hay que tener en cuenta que nadie puede controlarnos sin nuestro permiso, lo cual significa que, de cierta forma, también somos “cómplices” de esa manipulación. Maya Angelou escribió: "No puedes controlar todo lo que te pasa, pero puedes elegir que eso no te debilite".

Por eso, es importante ser conscientes de que el control no es amor. Cuando las personas nos controlan, “maquillan” nuestra realidad para que veamos el mundo a través de sus ojos. No nos respetan como somos. Quieren cambiarnos, hacer que seamos diferentes, más parecidos a ellos mismos o a la imagen que tienen de ti. Las personas controladoras pretenden que nos ajustemos a su realidad, sin tener en cuenta que esa realidad puede ser errónea o simplemente no es la más adecuada para nosotros.

Hay que establecer límites y no permitir que las personas controladoras los sobrepasen. Da las gracias por su “consejo” y dile que harás lo que sea mejor para ti. No permitas que presionen tus puntos sensibles para generar culpabilidad. Recuerda que los errores forman parte del aprendizaje. Quizá tu forma de hacer las cosas no sea la mejor pero es la tuya y puedes ir perfeccionándola a medida que maduras. No permitas que los demás decidan por ti.

Jennifer Delgado
09/jul/2018

Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras.
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Fuente: Rincón de la Psicología

Imagen:  Possessive controlling people

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