2016-04-24

Origen y funcionamiento de la estupidez y su concentración en la política.

Dos teorías sobre la estupidez (I).  

Por Paco Traver.  

La nodriza de las hadas y el rey carmesí.  


estupidez
Origen y funcionamiento de la estupidez y su concentración en la política.

Carlo Maria Cipolla es un historiador economista que publicó un libro, o más bien un tratado que ha pasado ya a ser un clásico sobre la estupidez. Se trata en cualquier caso de un libro escrito con sentido del humor y de carácter descriptivo.


Aquí están las leyes de hierro de la estupidez humana según Cipolla.

Aunque la estupidez es un adjetivo cuya substantivación es “lo estúpido” por más que se trate de algo muy intuitivo se trata de una condición difícil de definir.

Usualmente la estupidez solo puede observarse a través de otros estados mentales y de una forma indirecta, nadie lleva en su cara tatuada la leyenda “Soy un estúpido”, por eso sólo podemos acceder a la estupidez de dos formas: a través de conductas estúpidas o bien a través de creencias estúpidas, no sólo falsas sino estúpidas.

Cuatro clases de personas


Cipolla divide a las personas en cuatro clases, los estúpidos (3), los malvados (4), los inteligentes (1) y los incautos (2).

Y los define según dos direcciones y dos ejes, según qué busquen cada uno de ellos, su propio beneficio o los beneficios ajenos. Aquí en este gráfico podemos verlo mejor:

   Perjuicio propio   Beneficio propio
Beneficio ajeno   (2) Incautos   (1) Inteligentes
Prejuicio ajeno   (3) Estúpidos   (4) Malvados


Como vemos cada uno de ellos ocupa un cuadrante, así los estúpidos (3) son aquellos que buscan el perjuicio ajeno aun a costa de obtener un perjuicio propio, mientras que los malvados (4) buscan el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno. Ambos ocupan los cuadrantes inferiores.

Los inteligentes (1) son aquellos que obtienen beneficios propios sin olvidar el beneficio ajeno y los incautos (2) los que se perjudican a si mismos mientras benefician a los demás.

El lector podrá observar que “los malvados” son fáciles de detectar, se trata de los egoístas de toda la vida, los que intentan parasitar a los demás y no cooperan jamás salvo si pueden obtener algo a cambio. En las teorías de juegos sobre el “grooming” serían los egoístas o tramposos.

Los incautos serian los “bonachones” descritos por Maynard Smith, es decir aquellos que despiojan a todo el mundo sin esperar que a cambio les despiojen. Y los inteligentes serian los “toma y daca” o “tit for tat“.

La estupidez permanente


Sin embargo trazar equivalencias entre lo que sucede en los “juegos”, es decir en las interacciones repetidas que se dan entre individuos vecinos donde el juego se juega más de una vez y la clasificación de Cipolla hay un abismo, puesto que para él, no hay interacciones entre los individuos, Cipolla está hablando de compartimentos estancos.

Así el estúpido no es estúpido por la forma en que interactúa con los demás, sino que es estúpido porque lo es. Como si existiera un gen de la estupidez que determina la conducta y las creencias de los estúpidos.

Lo cierto es que los estúpidos no son fáciles de clasificar siguiendo a las estrategias de interacción descritas en la teoría de juegos, todo pareciera indicar que el estúpido lo es la mayor parte del tiempo, lo mismo sucede con los malvados o los inteligentes.

Todo pareciera ir en la dirección de que el calificativo “estúpido” es definitorio de la personalidad (la conducta) del mismo.

Y nada de eso parece funcionar así: una persona puede ser inteligente o al menos tener una inteligencia cercana a la media o aun superior y mantener convicciones estúpidas. Un ejemplo podría ser el estar en contra de las vacunas por considerarlas ineficaces, peligrosas o un negocio de Big Pharma.

Una persona que mantenga esta idea estúpida puede ser inteligente, o aun más inteligente que la media de sus conciudadanos. Un estúpido solo es estúpido en algunas cuestiones pero no en otras. Un estúpido no es un ignorante y vale la pena recordarlo aunque puede ser un persona plana (sin luces ni sombras)

Todo parece indicar que infravaloramos la cantidad de estúpidos o la capacidad de llegar a inventar ideas estúpidas. Se trata de algo difícil de comprender sobre todo para los inteligentes (1).

Es la razón por la que resulta más fácil detectar a un malvado que un estúpido, pues las razones del malvado -el beneficio propio- son fáciles de descubrir pero las razones del estúpido son difíciles de entender. ¿Para qué o por qué ir a favor del perjuicio ajeno si el resultado va a ser ir contra los intereses propios?

La psicología o el psicoanálisis podrían responder teóricamente a esta pregunta sobre todo desde que sabemos que la envidia puede excitarse de dos formas opuestas: superar a nuestro rival o vencerle o bien procurar su derrota o desgracia. Parece ser que nuestro sistema de recompensa puede activarse de las dos formas.

Las fuentes de la estupidez


Y la envidia podría ser la explicación motivacional del estúpido, pero se trata solo de una opinión que no compartiría Cipolla que cree que: la estimación de un valor numérico a esa fracción de estúpidos quedaría siempre en una subestimación.

Y que afecta a todas las razas y culturas, Cipolla advierte que el no cree en la estúpida idea de la igualdad sino más bien en dos clases de personas, las normales y los estúpidos y que estos últimos están bien representados en todas las capas de la sociedad, en todas las razas, sexos y en todos los continentes.

Y además que: la estupidez es independiente de cualquier otra característica de la personalidad, es pues una condición autónoma.

Y además es independiente de la educación o la instrucción y está tan presente en la Universidad como en el mundo agrícola o industrial, en el trabajo y la familia, en las aulas y en los ministerios y sobre todo: en la política.

La estupidez en la política


La política contiene el mayor numero de estúpidos por varias razones:

  1. La política se fundamenta en la ideología y no cabe duda de que todas las ideologías políticas son estúpidas pues se basan en ideas falsas, sesgadas, exageradas e intolerantes con las ajenas, las ideologías no se viven como simples opiniones o preferencias sino como dogmas. Las ideas políticas no son ciencia y nunca se ha demostrado que una idea sea mejor que otra.

  1. No existe un mejor lugar para trepar sin mérito alguno que un partido político. Los partidos políticos sienten horror ante los inteligentes, sus enemigos naturales y son a veces un buen refugio para los malvados (Rubalcaba, Iglesias) e incluso para los incautos como Zapatero o Sánchez pero es difícil encontrar entre ellos a personas inteligentes, esos que prosperan al tiempo que hacen prosperar a sus entornos.

  1. Por tanto un partido político contendrá en su cúspide a lo mejor de lo mejor en cuanto estupidez con ciertas gotas de maldad y de ingenuidad, se trata de un dilema darwiniano simple. Por otra parte los malvados como esos famosillos desvergonzados quedan mejor en televisión, el personal no los quiere demasiado en el gobierno y sus acólitos tampoco. Habrá que preguntar a Errejón a ver qué opina de su jefe.

Y es precisamente en la política donde podemos observar mejor a los cuatro cuadrantes en acción, siendo la sinergia más peligrosa, la conjunción o coalición entre estúpidos, incautos y malvados tal y como estamos observando en España.

Una conjunción peligrosa porque pone al frente del gobierno al más estúpido de todos en el mejor de los casos, puesto que esta extraña alianza deja fuera cualquier conato de inteligencia y es por eso que la estupidez perdura. A través de políticas estúpidas.

Un ejemplo de políticas estúpidas es esa cantinela que oímos cada día en TV de líderes llamando a un gobierno de progreso. ¿Hay una idea más estúpida que “un gobierno de progreso”?

En realidad un gobierno de progreso no puede existir pues no son los gobiernos sino las personas concretas las que hacen progresar a un país, son los inteligentes y en menor medida los incautos los que impulsan el progreso y siempre con ciertos limites puesto que el progreso es muy poco probable que exista en términos morales.

Otra cosa es la prosperidad económica que paradójicamente no puede venir de la mano de los que pretenden “gobiernos de progreso” que en cualquier caso lo que quieren decir es que para progresar hay que dejar al PP (que ha ganado las elecciones) fuera. ¿Hay una idea más estúpida que ésta?

La Ley de Oro de la estupidez


Y por fin una definición o ley de oro según Cipolla:

Un estúpido es una persona que causa daños a una persona o grupo de personas sin obtener a cambio ningún beneficio para ella.

Naturalmente esta definición deja fuera a ciertas conductas estúpidas como apalear alcaldes (Bódalo), enseñar las tetas en una capilla (Maestre) , proclamar la Republica catalana (Forcadell), preparar la desconexión de España (Puigdemont), y otras tantas estupideces que podemos seguir a diario en los informativos y que son en cierta forma transversales: atañen no solo a la cosa publica sino también al crimen.

¿No han notado que los crímenes de hoy son mucho más estúpidos que esos que cuentan en la serie del Caso?

La razón por la que estas conductas estúpidas a veces parece que llevan rentas para quien las practica es precisamente porque ciertos incautos a veces se convierten en estúpidos y ciertos inteligentes a veces aparecen como malvados.

En resumen que la categorización de Cipolla contiene intervalos técnicos, pues tanto unos como otros han de lidiar con el eterno problema de la socialización y hemos de vérnoslas con los otros.

Es por eso que a veces la mejor estrategia es la de aparecer como estúpido para conseguir lo que uno busca, que no es otra cosa que lo mismo que los demás: prosperar, mandar, trabajar poco y hacerles pagar impuestos a los demás, claro.

Paco Traver
abril 4, 2016

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Paco Traver

pacotraver  @pacotraver
Médico-psiquiatra. Neuropoeta, músico, escritor y delantero centro.
Castellón-España.
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Fuente: La nodriza de las hadas y el rey carmesí

Imagen: Silly idea

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