2016-06-24

La técnica de creatividad del caballo negro para provocar nuevas ideas.

La técnica de creatividad del caballo negro. 

Por Angel Gavín.  

El Miracielos.  


La técnica de creatividad del caballo negro para provocar nuevas ideas

Que del comportamiento de los animales se puede aprender mucho, no cabe la menor duda. Que los caballos son de los animales más inteligentes y empáticos que existen, tampoco. Lo cierto es que no conozco demasiado estos animales, pero sí me los he encontrado en varias ocasiones ejemplificando cuestiones de creatividad, estrategia y actitud ante la vida y los negocios.


Con fino e irónico sentido del humor, eso sí, conozco tres lecciones que nos ayudarán a mejorar en nuestras sesiones de creatividad. Empezaremos con técnica de creatividad del caballo negro (en este mismo post).

En posts posteriores reflexionaremos sobre las estrategias que seguimos gracias también a los caballos. Por último contaré un chiste (dicen que malo, pero ya veremos) al que suelo recurrir a la hora de hablar de motivación y positivismo.

La técnica de creatividad del Caballo Negro


En el mundo anglosajón se denomina caballo negro (black horse) a una persona, animal o cosa que compite en una carrera contra otros pero del que no se espera que gane (Wikipedia da una definición ligeramente distinta, centrándose en el hecho de que tales caballos negros relacionándolos con el mundo de las apuestas).

Partiendo de dicha acepción, una técnica muy útil para sesiones de creatividad (búsqueda de ideas, soluciones a un problema, …) es precisamente la denominada Técnica de Creatividad del Caballo Negro.

La técnica de creatividad del Caballo Negro consiste básicamente en proponer una idea estúpida, absurda, en la que nadie creerá (o apostará por ella) pero que servirá como incentivo, como punto de partida para romper el hielo en sesiones de creatividad (por ejemplo, brainstorming) o situaciones de atasco mental.

Usando el mismo ejemplo que leí la primera vez que supe de esta técnica, cuando preguntamos a un grupo de amigos o compañeros para ir a comer a un sitio, una buena forma de evitar la indecisión y falta de ideas es proponer algo que la gente no aceptará. Por ejemplo, para una ocasión especial, ir a un sitio de comida rápida (cualquier cadena de hamburguesas que os venga a la mente servirá).

La sola mención de dicha idea hará que los miembros del grupo se posicionen frente a ella (¡se supone que a la mayoría le desagradaría tal opción!) y, al mismo tiempo, propondrán alternativas.

Ideas mejoradas


Vaya por delante que las malas ideas no solo tienen ese poder catalizador, de detonante de nuevas ideas. Las malas ideas, los caballos negros, van a ser examinados, criticados. Y de ese examen de sus puntos débiles salen ideas que tratan superarlos, de alternativas, contribuyendo así a la identificación de soluciones propuestas.

A este respecto recomiendo la lectura de un clásico, The Power of Bad Ideas, de Steve Portigal.

En el blog Think Big se toman muy en serio el poder de las malas ideas. Tanto, que lanzaron una iniciativa para recoger ideas peligrosas (para mentes radicales). El enlace lo tienes aquí.

Libertad de opinión


Otro interesante efecto de las malas ideas es liberar la mente y proporcionar un entorno en el que se haga explícita la libertad para crear y opinar. Sucede en muchas sesiones de brainstorming que las ideas de algunos participantes están sesgadas, cercenadas, por el miedo al qué dirán o el principio de autoridad.

Si se fomenta explícitamente la generación de malas ideas, el ambiente se libera de tensiones y se hace patente la libertad para pensar y opinar. Puede ser incluso muy interesante como ejercicio de calentamiento en para sesiones de brainstorming (lluvia de ideas, si se prefiere no usar el anglicismo).

Quede claro que, que sean ideas malas, no quieren decir que sean basura. Cuenta Portigal que, durante un workshop sobre malas ideas, les pidieron a todos los participantes que propusieran y describieran en un papel una idea mala.

Después cada participante pasó esa idea mala a otro asistente, y se pidió a todos que analizaran las condiciones bajo las cuales esas ideas malas podría ser buenas. Los resultados, cuenta Portigal, fueron espectaculares.

Que la idea sea buena o mala depende de los prejuicios, las hipótesis que asumamos por buenas.

La misma idea, analizada bajo el prisma de una situación nueva, puede ayudar a proporcionar soluciones en situaciones quizá no comunes, pero sí que merezcan la pena. Sobretodo para quienes las sufren.

¿Opiniones? ¿Alguna mala idea? ¡Gracias por comentar!

Ángel Gavín
junio 14, 2016

Angel Gavin

Senior Project Manager en GMV.
Zaragoza y alrededores, España.
Servicios y tecnologías de la información.
Anterior: AYANET, GMV, Universidad de Zaragoza.
Educación: Instituto Universitario de Postgrado.
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Fuente: El Miracielos

Imagen: Creative session


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