2018-05-01

7 fundamentos de la gestión de la incertidumbre (1, 2 y 3)

Gestión de la incertidumbre.

Por Javier Martínez Romero.

ScalaBle.

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7 fundamentos de la gestión de la incertidumbre (1, 2 y 3)

Gestión de la incertidumbre (parte 1).

Afrontamos la gestión de la incertidumbre cuando tratamos de alcanzar un objetivo y no todo está en nuestras manos. Sucede en la mayoría de ocasiones, así que es prioritario aprender a gestionarla.


1. La gestión de la incertidumbre no es un arte, es un oficio


La gestión de la incertidumbre se suele afrontar con un enfoque basado en el uso de herramientas que nos permitan sentir que gestionamos con mayor garantía. Herramientas tales como la planificación, las previsiones o estudios de evaluación, por poner algunos ejemplos.

No podemos decir que estos sean instrumentos inútiles, pero sí que debemos utilizarlos con mesura porque pueden tener efectos perversos. Sobre todo, si creemos que con ellos dominamos una situación o un proceso en el que hay muchas circunstancias que no podemos controlar.

De hecho, puede llegar un momento en el que ya no nos mantengamos alerta ante la posible aparición de factores que desconocíamos o no teníamos previstos. Al creernos seguros olvidamos la propia incertidumbre y dejamos de gestionarla. Sucede de forma natural, pues nos sentimos más cómodos cuando tenemos sensación de control.

Las herramientas pueden ser útiles para un momento o caso concreto, pero no deben convertirse en nuestra única capacidad.

2. Gestión de la incertidumbre: conocimiento, experiencia y práctica


La gestión de la incertidumbre consiste en entender una situación de forma general, distinguir lo que podemos controlar o no y así tomar decisiones correctas. Éste es un oficio donde son prioritarios el conocimiento, la experiencia y la práctica.

El conocimiento necesario para interpretar la situación. La experiencia que permite saber y afrontar las tensiones y dudas propias de procesos inciertos, y la práctica para ejecutar a la perfección las decisiones sobre lo que no hay ninguna duda acerca de cómo hacerlo bien.

Se refiere a todo tipo de proyectos, situaciones y escenarios. Establecer el liderazgo de una empresa, crear una marca, educar a tu hijo/a o incluso el hecho de jugar un partido de tenis. En todos los casos se trata de asuntos muy inciertos. En todos, el conocimiento, la experiencia y la práctica tienen mucho que aportar.

Tener conocimientos empresariales, e incluso generales, ayudará a tener una visión holística de la empresa que permite interpretar mejor nuestra situación en el mercado, y así crear o gestionar con mayores garantías.

La experiencia de un primer hijo siempre da mayor seguridad a la hora de tomar decisiones relativas a la educación del segundo, aún cuando su futuro sea muy incierto.

Y está claro que sin tener la práctica suficiente para ejecutar perfectamente un revés cruzado o paralelo, difícilmente ganaremos un partido, aunque la experiencia nos permita reponernos de los momentos difíciles y aprovechar mejor los favorables. Ganar un partido de gran nivel supone golpear a la perfección, gestionar los estados de ánimo y tener conocimientos sobre cómo afectan factores como al altitud, la humedad o la temperatura al comportamiento de la pelota o al rendimiento físico.

No podemos asegurar qué sucederá con la marca, qué ventajas aportará a nuestro hijo/a su educación o si ganaremos el partido del fin de semana. Pero podemos cultivar nuestro conocimiento, aprovechar nuestra experiencia y mejorar la práctica como medios para mejorar nuestra capacidad de gestionar la incertidumbre. Así mejoraremos la posibilidad de acierto en nuestras decisiones, y de éxito en la consecución de los objetivos.

Una vez que conocemos cómo mejorar, en el próximo artículo hablaremos de cómo lidiamos de forma natural con la incertidumbre. Y cómo desarrollar un modelo efectivo para gestionar.

Gestión de la incertidumbre (parte 2)


Después del primer post sobre gestión de la incertidumbre, abordamos por qué es necesario establecer prioridades y limitaciones y cómo comprometerse con esas normas supone el éxito en este contexto.

3. La gestión de la incertidumbre supone establecer prioridades y limitaciones.


El principal efecto de la incertidumbre es que resulta imposible establecer una imagen precisa de lo que pretendemos obtener, del resultado final. Aunque lo incierto no tiene porqué ser indefinido. Al menos, podemos establecer el diseño final que tratamos de alcanzar.

El éxito o el fracaso dependerá de que ese diseño nos permita obtener resultados aceptables. Por poner algunos ejemplos, no sabemos si nuestra marca venderá más o menos o si nuestro hijo tendrá una educación que le reportará unos ingresos mayores o menores.

Hay quien supone que gestionar consiste en perseguir resultados concretos. Esto es correcto cuando el resultado sólo depende de saber qué hacer y de hacerlo perfecto. Algo así como resolver una ecuación de segundo grado: basta con conocer las fórmulas y hacer bien las operaciones para obtener las soluciones exactas. Ojalá gestionar fuese tan sencillo.

La cuestión es que si queremos crear una empresa, liderar un equipo, o educar a un hijo, no disponemos de fórmulas inequívocas. Entonces resulta esencial establecer normas, prioridades y limitaciones para poder gestionar de forma correcta. Prioridades y limitaciones que determinen qué camino vamos a seguir, y que formarán parte del resultado final.

4. La gestión de la incertidumbre supone aceptar la responsabilidad y el compromiso con las normas.


A muy pocos gestores les gusta afrontar la incertidumbre, porque supone aceptar la obligación de establecer normas. No es sólo cuestión de ejecutar, se trata de enfocar y limitar. A muchos de nosotros nos puede resultar molesto atenernos a directrices y normas impuestas por otros. Y pocos están dispuestos a establecer y mantener el compromiso con sus propias normas. Aún más, transmitirlas y conseguir que otros se comprometan con ellas.

Ésa es nuestra principal función de líderes, innovadores, emprendedores o padres, algunos perfiles cuya exposición a la incertidumbre es mayor. Una tarea complicada porque, ante la incertidumbre, no tenemos la seguridad de asegurar que esas prioridades y limitaciones proporcionen ventajas o protección.

5. La gestión de la incertidumbre no tiene que ver con decidir sobre lo que debemos hacer.


No debemos confundir establecer normas con decidir lo que se debe hacer o no. Se trata de establecer lo prioritario y hasta dónde podemos llegar. Las acciones quedarán sujetas al modelo que hemos establecido, sin necesidad de quedar determinadas en toda su diversidad.

Cuando hablas con personas que han logrado el éxito, están más orgullosos del camino que del resultado final. Orgullosos del esfuerzo que ha supuesto atenerse a sus normas. Restan importancia a los problemas que han tenido que solucionar. Y creen que lo verdaderamente importante no es haberlo conseguido, sino hacerlo según las reglas del juego, que sean las mismas para todos. Y, además, cumplir con sus propias prioridades y limitaciones. A pesar de la incertidumbre, han alcanzado su diseño.

Gestión de la incertidumbre (parte 3 y última)


¿Por qué es tan importante adquirir conocimiento, experiencia y práctica? ¿De verdad es necesario establecer unas normas propias para afrontar la gestión en entornos de incertidumbre?

6. La gestión de la incertidumbre consiste en decidir para influir, no en obtener un resultado


La gestión de la incertidumbre no consiste en enfrentarse a situaciones que se resuelven decidiendo aplicar unos recursos u otros para lograr un resultado predeterminado. Cuando gestionamos la incertidumbre la cuestión no es saber resolver, sino tener la capacidad de reconocer en qué y cómo influir, de generar oportunidades.

Nos resistimos a aceptarlo. Preferimos resolver porque supone alcanzar una solución a nuestro problema. No nos gusta asumir la falta de control, asumir que debemos actuar sin poder asegurar qué obtendremos. Incluso creemos que no lo hacemos nunca. Si le preguntamos a cualquiera sobre una decisión tomada, argumentará intentando que no queden dudas sobre su efectividad.

En cambio, la mayoría de nuestras decisiones, entre ellas algunas muy importantes, las tomamos en base a percepciones o correlaciones, sin poder asegurar el éxito. Son decisiones inciertas. Entonces ¿por qué las tomamos? Porque al menos tratamos de influir, intentamos mejorar las posibilidades de que algo suceda y a ser posible como nos conviene.

7. Tomar las decisiones correctas para que resulten lo más favorables posible.


Precisamente, en eso consisten tareas como las de liderar, innovar o emprender. En asumir que no podemos controlar un escenario incierto. Nuestra función como líderes, innovadores o emprendedores es determinar qué factores influyen en el entorno y tomar las decisiones correctas para que resulten lo más favorables posible.

Por eso, el conocimiento, la experiencia y la práctica son esenciales. Nos ayudan a determinar los factores importantes y ampliar nuestra capacidad de generar opciones. Después, las normas pondrán orden ante multitud de decisiones posibles, haciendo que decidir sea algo más sencillo, a pesar de la incertidumbre.

No podemos evitar tomar decisiones inciertas, aunque resulte incómodo que no haya una solución exacta. No olvidemos que la gestión de la incertidumbre se basa en decidir para influir -y no para resolver- y esa es la base de la diversidad. Permite liderar, innovar o emprender a cualquiera de diferentes maneras.

Gestionar incertidumbre consiste en tomar las decisiones correctas cuando no todo esta en nuestras manos, cuando el éxito no se puede determinar exclusivamente en función del resultado.

Javier Martínez Romero.
29/05/2014, 04/06/2014, 09/06/2014

Javier Martínez Romero

Interesado en la gestión en entornos de incertidumbre, desarrollando el concepto de gestión relativa. Co-fundador de scalabBle. Siempre simplificando.
Diputado y Portavoz adjunto de Ciudadanos (C's) en Cortes de Aragón
Ciudadanos
Portavoz de las comisiones de Hacienda, Economía y Empleo e Innovación y Universidad.
Consultor especializado en estrategia empresarial. Fundador de diversos proyectos emprendedores.
Colaborador en diversas entidades institucionales y académicas. CEEI, Universidad de Zaragoza, Cámara de comercio, Instituto Aragonés de Fomento e Ibercaja, en iniciativas de apoyo a la actividad empresarial.
Zaragoza y alrededores, España
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